Sin palabras.
Así te ama mi amor,
mi amor viejo.
Recordatorio del amor amado.
Latido y pulso sobreviviente
del amado amor recordado.
Sin palabras.
Pero mi amor niño,
labrador amante de rosas y de playas,
proel de barcas y de soles,
despertador cansino de mi diario abandono,
me calienta y cuece en extraordinario guiso,
y surgen de mi amor niño
sus palabras atropelladas:
azafrán y canela son las comisuras de tus labios.
Tu boca es el oasis fresco
de la ardiente sangre mora de mis abuelos.
En un lunar de tu cintura,
complacientes circunvalan los planetas enamorados.
Donde duerme el confín palpitante de tu cuerpo,
mi granado amor se despepita
y en la sombra
de las lunas de tu pecho
descansa mi niño amor
reconfortado.
Sin palabras.
Agosto, 1998
8 mar 2007
3 mar 2007
El sueño de una ola.
¿Cuánto dura el sueño de una ola?
¿Cuánto hasta romper en playa solitaria?
¿Cuánto sin saber al menos
si un cuentaolas la contó entre tantas?
¿Cuánto hasta romper en playa solitaria?
¿Cuánto sin saber al menos
si un cuentaolas la contó entre tantas?
Se exhibió en la espuma,
Se rizó en volantes flamencos,
Se giró en sí misma, gustándose,
Se derramó en lengua lameante
Y besó los pies desnudos de alguien
Que al sentirla rió con su agonía.
Se rizó en volantes flamencos,
Se giró en sí misma, gustándose,
Se derramó en lengua lameante
Y besó los pies desnudos de alguien
Que al sentirla rió con su agonía.
Desde ese día
Me fui a contar
Las olitas de la mar.

Foto: J. Silva
28 feb 2007
Hondos son tus ojos...
Hondos son tus ojos
como pozos marrones.
Espejo de ese sol
que crepuscula,
que espera para dar fin a su día,
el saberse mirado de tus ojos.
Pero ahora,
que es tiempo de sequía,
¡mi alma, nuevamente seca!
Reniego
de los soplos de tu brisa que la refresca.
Se me ha vuelto dura mi alma.
Casi no la conozco.
Julio de 1997.
como pozos marrones.
Espejo de ese sol
que crepuscula,
que espera para dar fin a su día,
el saberse mirado de tus ojos.
Pero ahora,
que es tiempo de sequía,
¡mi alma, nuevamente seca!
Reniego
de los soplos de tu brisa que la refresca.
Se me ha vuelto dura mi alma.
Casi no la conozco.
Julio de 1997.

Foto: J.Silva
27 feb 2007
Vino la luna...
Vino la luna
a mirarse en la alberca
y yo la veía.
Se estiró su pelo
con el peinecito de plata
que un día
le dio un marinero
nacido en el Puerto
de Santa María.
Me atreví,
la llamé,
le dije:
lunita,
tú no necesitas
ni plata, ni peines,
ni de agua bendita.
¡Cásate conmigo!
y ya solamente
conmigo luneas.
Hay un marinerito
que de plata canea.
a mirarse en la alberca
y yo la veía.
Se estiró su pelo
con el peinecito de plata
que un día
le dio un marinero
nacido en el Puerto
de Santa María.
Me atreví,
la llamé,
le dije:
lunita,
tú no necesitas
ni plata, ni peines,
ni de agua bendita.
¡Cásate conmigo!
y ya solamente
conmigo luneas.
Hay un marinerito
que de plata canea.
-Le han devuelto un peinecito.-
31de marzo de 1997.

Foto: C. Mateos.
Mira como cuelgo de tus ojos.
Mira como cuelgo de tus ojos.
Escucha como callo,
como te amo,
como siento tu voz derretida resbalarse y encenderse,
consumirse
y entre gotas
¡ay!
amor,
calcinarse y renacer de nuevo tu voz,
para lograr alentarme,
para colgarme de tus ojos,
para callarme,
para sentir tu voz
derretirse,
renacer.
Para amarte.
31 de marzo de 1997.
Escucha como callo,
como te amo,
como siento tu voz derretida resbalarse y encenderse,
consumirse
y entre gotas
¡ay!
amor,
calcinarse y renacer de nuevo tu voz,
para lograr alentarme,
para colgarme de tus ojos,
para callarme,
para sentir tu voz
derretirse,
renacer.
Para amarte.
31 de marzo de 1997.

Foto: J. Silva
Me siento a contemplarte de nuevo...
Me siento a contemplarte de nuevo
y tu viento del sur
retumba en mis grandes orejas.
Regalo.
Doy.
¿Alguien los quiere?
Los treinta y tantos años
que tu cuerpo y el mío separan.
Pero tu lengua marina,
aún de ti yo distante,
me esclaviza en los sabores salados
que tu recuerdo me evoca.
Y yo,
marinero sin barca.
Y tú,
ya,
mar sin cangrejos.
¿Cómo aún te puedo querer?
¿Cómo tú, aún, desear sumergirme?
Los días se extienden largos,
pletóricas sus tardes,
y tu viento del sur
retumba en mis grandes orejas.
Regalo.
Doy.
¿Alguien los quiere?
Los treinta y tantos años
que tu cuerpo y el mío separan.
Pero tu lengua marina,
aún de ti yo distante,
me esclaviza en los sabores salados
que tu recuerdo me evoca.
Y yo,
marinero sin barca.
Y tú,
ya,
mar sin cangrejos.
¿Cómo aún te puedo querer?
¿Cómo tú, aún, desear sumergirme?
Los días se extienden largos,
pletóricas sus tardes,
como si yo fuera
el único espectador de tu cuentahoras.
Pero ya,
la paciencia rota,
he decidido morirme,
matarme,
ahogarme en tus aguas.
Porqué sin ti,
y sin que tú lo sepas,
me mato,
me ahogo,
me muero.
16 de marzo de 1997.

Foto: J. Silva
Como de un barrilete...
Como de un barrilete,
mi alma, amarrada a tu ausencia.
Y te veo de lejos,
desde mi plano inmóvil,
donde sólo mis ojos laten
para verte feliz y acaracolada,
donde sólo el viento peina tu melena.
Sólo un hilo nos une,
y te mando mensajes,
para que cuando a ti lleguen
mi mundo se ciegue de reflejos.
Transparente tu cuerpo,
anidador de todo lo futuro.
Como un Atlas
me veo sosteniendo ese hilo,
como una fotografía de las de mi tía
blancas, negras y amarillentas.
7 de marzo de 1997.
mi alma, amarrada a tu ausencia.
Y te veo de lejos,
desde mi plano inmóvil,
donde sólo mis ojos laten
para verte feliz y acaracolada,
donde sólo el viento peina tu melena.
Sólo un hilo nos une,
y te mando mensajes,
para que cuando a ti lleguen
mi mundo se ciegue de reflejos.
Transparente tu cuerpo,
anidador de todo lo futuro.
Como un Atlas
me veo sosteniendo ese hilo,
como una fotografía de las de mi tía
blancas, negras y amarillentas.
7 de marzo de 1997.
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